Ocean Eyes.



Hola personita. Alabama St Cloud here. Soy una persona muy tranquila, adorable, dulce y atenta. ¿Quieres hablar? Aquí estaré para ti. ¿Quieres un abrazo? Yo podré regalártelo. Soy enérgica y también muy alegre. ¿Te molesta eso? Pues, no busques en mí amistad. ¿Paciencia? La que merezcas.
¿Dudas? Mi ask, para ti. Ten un hermoso día.

I’ll be your Strength. {Aly and Donnie} 

notdarko-justdonnie:

Si había algo que me jodía sobremanera, era que el despertador sonara conmigo sintiendo que solo había dormido unos quince minutos en toda la noche. Y fue exactamente eso lo que me sucedió. Me senté en la cama, sabiendo que era bastante entrada la tarde dado que, por poco que se oyeran, los sonidos de los coches provenientes de fuera de la ventana, me ponían sobre aviso de ello. Recordé que debía mantener a una familia cuando, luego de ponerle alimento a Wallabe, mi bellísimo gato, cuando el timbre sonó. Fui hacia la puerta con pocas ganas, pero al otro lado continuaba estado alguien que me requería, por lo que ahogué las ganas de volverme a tirar a la cama y  así, con el torso desnudo, abrí de par en par. ¡Pero vean que nos había traído el destino! Una de las tantas putitas de Rocky.

¿Ahora qué? —le dije, de mala manera, esperando a que aquello no fuera otro de sus recurrentes shows. Entró y cerró la puerta detrás de sí, como quien entra en su propia casa. Me golpeó contra la puerta y presionó su cuerpo contra el mío. “No tengo dinero”, me dijo. Y sí, claramente pretendía otro de esos intercambios que solo se podían dar con ella. Elevé una ceja mientras sentía sus labios contra la piel pálida de la base de mi garganta. Aly, no.

Apenas me percaté de que ese no era, ni jamás sería su nombre y, sin importarme demasiado, la empujé para alejarla de mi, como si ella me diera más asco que yo mismo. — No me importa a quienes se la tengas que chupar, en dos días quiero el dinero en mis manos o me vas a conocer —le espeté con violencia, poniéndole un paquete en la mano y sacándola de mi casa.

A esta altura, ya me había dado cuenta de por qué había llamado Aly a alguien que nada tenía que ver con la bella Alabama, pero dejé de pensarlo por un buen rato. Me di una ducha, me vestí y luego de tomar los cigarros y las llaves, decidí salir a la calle, creyendo que me encontraría frente a otro absurdamente soleado día. Regresé sobre mis pasos, ya de mucho mejor humor y tomé uno de esos suéters livianos pero abrigados que solía y suelo llevar todo el tiempo encima. En esta oportunidad era de un desgastado color grisáceo oscuro, por lo que resaltaba contra mi piel terriblemente blanca. Encendí un cigarro y me dirigí con paso ligero hasta la zona más céntrica. Varias mujeres cruzaron de acera, otros varios niñatos me esquivaron con elegancia y muchos de mis compradores más jóvenes me ignoraron como si no me conocieran. Negué con la cabeza y lancé el cigarro al suelo, para apagarlo con la suela del zapato, por lo que levanté varios murmullos, quizás de espanto, quizás de reproche, las viejas chismosas siempre murmuran.

Entré a la playa y caminé durante un par de metros mirando alrededor, buscando esa cabecita castaña que me había citado para lanzarnos como dos suicidas desde el acantilado… plan que, de seguro, se vería asesinado por las inclemencias del clima, que se habían visto dichosas de hacer que pronto se acercara una tormenta. El aroma de agua salada me inundaba los pulmones, haciéndome saber que el olor a nicotina no era lo único que yo podía oler cada día de mi vida, a pesar de que lo hiciera. — Hola, belleza, también es un gusto verte —le sonreí, dándole un beso entre los cabellos castaños. No era una cuestión de romanticismo o no, pero si algo me salía bastante bien y naturalmente, era portarme como un rey con las mujeres que no intentaban sacarme drogas. Eran esas las del tipo que a mí me gustaban, la lástima era que ninguna joven normal se acerca al vendedor de drogas. Me pregunté si Aly estaría al tanto de mi trabajito.— ¿Cómo has estado, mi amor?

¿Era acaso un juego? Sentir su aroma. Varonil y a la vez con un toque de nicotina propio de un fumador, era algo que me hacía comprender por qué tanta conexión. Una sonrisa, una de las cuantas que ya había dejado notar, apareció en las comisuras de mis labios.  Su caricia, ese beso en mi cabeza me hizo estallar de alegría en lo más recóndito. Detonaciones de sentimientos en mi pecho que no tenían explicación. Intenté guardar en mí todo sentimiento de alegría que podría haber existido. Elevé mi vista y estudié su rostro. Dichosa yo, que podía pasar tiempo con él, alguien tan adorablemente misterioso. Nada podía arruinar mí día. Sólo que él tuviese que irse. Y cada vez que ese pensamiento pasaba por mi cabeza, me hacía gruñir. Luego un alivio recorrió cara parte de mi cuerpo. Sus palabras me embriagaron un momento, me hicieron quedar completamente roja y aún así, tener el suficiente aliento como para contestar sin denotar ningún sentimiento . –“¿Cómo he estado? Digamos que bien. Todo mejoró cuando llegaste aquí. Pensé que no vendrías.” Le confesé. Por supuesto que pensé, pero aún así, una plegaria pequeña, en petición, de verlo aquí. El suficiente tiempo como para hacerme feliz y completar ese fastidioso y aburrido día. 

En eso, extendí su mano. La junté con la mía y me quedé quieta. Mi mano, en relación a la suya era tan diminuta que asustaba. Me hacía reír leve. Casi como una niña que está en compañía del ser que más adoraba. Le eché un vistazo rápido. El tiempo suficiente como para notar que algo le había importunado. Espero que mis tonterías no sean la razón. Y por más que yo misma me estuviese debatiendo entre saber o no. Me quedé callada, levanté mi mano y de manera lenta la acerqué a su rostro. Su piel, pálida como el mismo marfil, tal vez áspera, pero no compacta. No había dureza en su rostro, si no, alguna preocupación. Mi mano se movió de manera atropellada esperando que a él no le molestase. Hasta que me acerqué a las bolsas de sus ojos. Las ojeras que podían ser no sólo de cansancio, si no también, de dolor. –“¿Hay algo que deba saber?” Susurré. No quería por ninguna razón meterme en sus asuntos. Sólo quería que nuestro contacto, en todo tipo de ámbito fuese estrecho. –“Quiero saber todo de ti. Me interesas, cielo. Mucho. No sé si yo genere lo mismo en ti…” ¡Cruzando los dedos! La opción más acertada, la que había aprendido con el tiempo para cualquier tipo de persona, era ser directa, pero de la forma adorable en la que me relacionaba con cualquier ser. Y más con él, que desde que nos habíamos visto por primera vez, me regaló, momentos lindos.

Sin espera de una respuesta, me acerqué a su pecho y allí me quedé un momento quieta. Cantando algo simple, para intentar calmarlo. Ponerlo de mejor humor. Era una canción de cuna. Tal vez, algo que alguien me hubiese cantado de pequeña. –“¿Te gusta que cante? Si no, dime y me detendré de inmediato. Lo hago por ti.” Le miré de reojo esperando encontrar un gesto, una sonrisa o que me dijese algo con su voz. Esa que me encanta, ya que era un contraste perfecto a la mía, que era casi chillona e infantil. Casi molesta. Estaba muy cómoda, eso debía remarcarlo de algún modo. Podía asegurar que debajo de cualquier tipo de ropa, Donnie, parecía tener un buen físico. –“Eso también implica si te molesta, n-nuestra cercanía.” Le dediqué una mirada fascinante. No había idea en mí cabeza, de moverme. Sólo lo haría en respeto a él.

Junté los dientes. El viento comenzaba a tornarse más y más fuerte. Apreté los puños y temblé. Cerré los ojos y me levanté de un salto. Procuré, y también, esperé que él no lo notara. Tal vez, si demostraba que me estaba muriendo de frío, se echaría a perder lo que sería nuestra primer salida juntos. Extendí mi mano hacia él. Una sonrisa de oreja a oreja era lo menos que podía demostrarle. –“No sé hasta que punto saltar, es una buen idea. Pero no quiero que nos separemos. Por lo tanto. Lo haré, contigo. ¡No hay compañía que disfrute más que la que tú me regalas!” Le confesé hablando casi rápido, de manera idiota y boba. Podría jurar que el frío heló mis palabras y salieron estúpidos susurros tartamudos. Reí bajito y resguardé mi rostro entre mis manos. 



I’ll be your Strength. {Aly and Donnie} 

Una pequeña sonrisa se curvó en mis labios rápidamente. Leves suspiros del viento pegaban contra mi rostro y me hacían reír aún más leve. Levanté mi vista, el cielo, casi anunciaba que prontamente una tormenta comenzaría. “Podría haber jurado que un gran aguacero se acercaba.” Recordé las palabras precisas de una mujer, en las afueras de la playa. ¿Tomarle importancia? ¿Arruinar mi momento de quietud y calma? ¡Nunca! No había fenómeno climático que no me causara más alegría que aquel. No sólo por el contacto directo con el agua, si no por el sentimiento de libertad  que se podía percibir en cada gota, en cada parte de mi cuerpo. Estaba contando los minutos para que las lágrimas del cielo comenzaran a caer. 

Caminé por la playa tranquila, sin un lugar preestablecido. Era yo, mis pensamientos y la alegría de experimentar ese sentimiento de soledad. Era extraño que yo me sintiese a gusto con la soledad. Pero no había un porqué. Me dejé caer en la arena y me quedé quieta pensando. Recordé la mirada insistente del adorable, pero no menos especial rubio, ¿Donnie? Sí. Él. No  sé qué era lo que realmente lo diferenciaba del resto, no sé qué era lo que me obligaba a estar atenta a él. Pero por más, siempre que pudiese, disfrutaba tenerlo cerca. Levanté una ceja, ¿acaso era lo que yo estaba pensado? Claramente, estaba sonrojada “¡Como una jodida idiota!” Me imaginé un momento con él. Y una música leve comenzó a sonar de manera suave, pero lo bastante estridente como para mantenerme despierta y no en una clase de transe estúpido. O esos tipos de sueños que prefería ignorar. Gruñí en pleno fastidio o tal vez, gusto de sincero aprecio a ese chico. 

Y ese fue el momento precioso y también más agradable para mi corazón en el que pude presentir que alguien estaba detrás de mí. Me quedé quieta. No sabía de quién se trataba, pero estaba ligeramente interesada en saber. La entrada de aire a mis pulmones se tensó cuando una mano se dejó caer en mi hombro y la otra se encargó de apañar mi cuerpo aparentemente espantado y tembleque. Moví rápidamente mi vista y me quedé un momento en una especie de hipnotismo que me regresó al mundo cuando su voz gruesa pero aún así adorable me hizo sonreír. –“Hola Donnie. Me alegra tanto v-verte.” Tal vez, era el viento, el frío, él mismo o yo, pero estaba tan fascinada que titubeaba en mis palabras y una que otra vez reía de manera infantil y estúpida. No quería alejarlo con ese comportamiento. En realidad entre más tiempo pasaba a su lado, mejor para mí. Esperaba su respuesta más que nada. Pero no me permití en ningún momento desviar la vista de su rostro.


posted hace 1 año21/4/2012 • 3 notas